Benjamin Graham, en su libro El inversor inteligente, nos explica mediante una alegoría el comportamiento de los mercados financieros y cómo los inversores pueden beneficiarse de los vaivenes caprichosos del mercado.

La psicología de los inversores en el mercado varía como la oscilación de un péndulo

Graham nos anima a imaginar al mercado como un socio omnipresente, inestable emocionalmente y del que el inversor tiene que sacar el máximo provecho de sus cambios de humor. Este socio recibe el nombre de Mister Market.

Mr. Market es un inversor, que lleva a cabo compras y ventas de acciones a diario. Además se muestra muy atento y cada día le indica al inversor lo que considera que vale su paquete accionarial, e incluso le ofrece comprárselo o venderle una porción de la participación que él también posee en base a su propia valoración.

Existen días en los que Mr. Market se muestra eufórico, momento en el que un inversor estaría encantado de venderle sus acciones ya que le estaría ofreciendo un precio muy elevado por sus acciones, mayor incluso que el valor intrínseco de la empresa. Pero en cambio, existen otros días en los que Mr. Market se presenta depresivo, en los cuales un inversor sensato se mostraría interesado en comprarle sus acciones, ya que cotizarían a un precio por debajo de su valor intrínseco.

Estos cambios de humor pueden tener una duración bastante prolongada, llegando a durar años, pero en el largo plazo siempre existe algún período en el que Mr. Market recupera la lucidez.

La moraleja de esta alegoría es que éste contacto diario con Mr. Market no debe cambiar la concepción del valor del paquete accionarial de un inversor sensato. Además detalla la esencia del value investing, aprovechar la volatilidad del mercado para comprar barato y vender con inteligencia cuando los precios hayan subido considerablemente.

Como conclusión, querría citar unas palabras de Benjamin Graham:

“Quien invierta en acciones no debería estar demasiado preocupado por las erráticas fluctuaciones en los precios del valor, puesto que a corto plazo el mercado de acciones se comporta como una máquina de votar, pero a largo plazo actúa como una báscula”

De ellas podemos extraer que Graham solo contemplaba la eficiencia del mercado en un contexto largoplacista, momento en el que el precio coincide fielmente con el valor intrínseco de la acción.

Mientras tanto, en el corto plazo, el precio de una acción se ve fuertemente influenciado por la psicología de los inversores, como por ejemplo la preferencia de una empresa por encima de otra por motivos como que en el último año subió un 70% el precio de sus acciones y se piensa que esa subida va a continuar. O un caso contrario, una empresa no ve cumplidas las expectativas sobre un segmento residual de su negocio, y sus acciones se ven fuertemente castigadas.